Te Ara o te Ao

El Camino del Poder

En el sector de Mataveri, camino al volcán Rano Kau, poco  después de la caverna Ana Kai Tangata, comienza el sendero ancestral llamado Te Ara o te Ao, el camino del poder o camino del mando. El rapanui denomina Ao a un remo especial que se usa como insignia del mando. Este sendero sigue la misma ruta que más o menos 150 años atrás se utilizaba para llegar a la aldea ceremonial en Orongo donde se efectuaba la celebración del ritual Tangata Manu u hombre pájaro. n el sector de Mataveri, camino al volcán Rano Kau, poco  después de la caverna Ana Kai Tangata, comienza el sendero ancestral llamado Te Ara o te Ao, el camino del poder o camino del mando. El rapanui denomina Ao a un remo especial que se usa como insignia del mando. Este sendero sigue la misma ruta que más o menos 150 años atrás se utilizaba para llegar a la aldea ceremonial en Orongo donde se efectuaba la celebración del ritual Tangata Manu u hombre pájaro. 

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Uno de los primeros atractivos son los Manavai, estructuras agrícolas de piedra destinadas a proteger los cultivos del viento y el sol, manteniendo la humedad. Estas estructuras son de base circular con un diámetro entre 3 y 10 metros. En el recinto de CONAF, donde cruza el sendero, tiene un muestrario de 25 manavai que exhiben especies vegetales de uso tradicional. Al visitar el lugar es posible observar el conocido toromiro, árbol endémico extinto que fue recuperado gracias a semillas de un último ejemplar que crecía al interior del volcán Rano Kau.

 Luego el sendero discurre por la ladera norte del volcán  cuya altitud es de 324 metros sobre el nivel del mar, cruza por una bosque de eucaliptus, de cipreses y acacias, que servirá de descanso, para luego continuar hasta llegar al borde del volcán. La vista es única. Por un lado se puede apreciar el pueblo Hanga Roa y toda la isla hasta la zona norte y por el otro se abre un impresionante cráter de 1,5 kilómetros de diámetro y que a los 200 metros de profundidad presenta un humedal en el cual coexisten plantas de totora junto a otras especies endémicas. No es recomendable bajar sin un guía local.

El camino continua por el borde derecho del volcán hasta llegar a Orongo, la aldea ceremonial con sus 53 casas hechas con piedra laja de basalto. Orongo, palabra que en rapanui significa “El llamado”, se encuentra majestuosamente enclavada en una angosta franja de aproximadamente 250 metros en la ladera sur del Rano Kau enfrentando un acantilado de 300 metros de altura que se hunde abruptamente en el Océano Pacífico. En ningún momento de la historia Orongo sirvió de residencia permanente debido a su difícil acceso y a la falta de salida directa al mar. Su mayor importancia surgió con el culto al Tangata Manu (hombre-pájaro) a fines del siglo XVII hasta el sigo XIX. Anteriormente, durante el período de los moai y el culto a los ancestros, Orongo fue un lugar donde solo se practicaban ritos de iniciación e ingreso de niños y niñas a la edad adulta.

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Según las investigaciones más recientes, en 1350 Rapa Nui fue enfrentado a un profundo cambio climático (Pequeña Edad de Hielo) caracterizado por el aumento en la frecuencia de la corriente del El Niño en la región. La sobrepoblación y escasez de recursos devino en una pérdida de fe en el culto a los ancestros. Los matato’a o  casta guerrera tomó el poder originando un nuevo orden; el poder era determinado por las proezas físicas y ya no por el rango, para lo cual se organizó la competencia del Hombre Pájaro. Los competidores de cada tribu bajaban en los meses de septiembre de cada año cuando el manutara o gaviotín pascuense anidaba en ese lugar. 

El sendero continúa por el borde interior del cráter hasta llegar al Kari Kari, que es la parte “mordida” o erosionada en la ladera sur del cráter, desde donde descendían los competidores y nadaban los dos kilómetros para alcanzar el islote mayor Motu Nui donde esperaban obtener el primer huevo del gaviotín. El matato’a o jefe guerrero del clan representado por el ganador obtenía el poder para gobernar la isla durante un período de un año.

Las casas de Orongo se extienden por varios niveles hasta una pequeñísima península formada por el cráter y el acantilado, donde el espacio se vuelve tan angosto que sólo cabe una hilera de casas al borde del despeñadero. Este lugar es conocido con el nombre de Mata Ngara’u, y estaba destinada a los sacerdotes que oficiaban las ceremonias durante el mes que duraba la celebración del Tangata Manu. A diferencia de las demás casas, ésta tiene muchas entradas dispuestas en semicírculo.

En las rocas del Mata Ngara’u hay grabados varios petroglifos que representan a hombres-pájaro, al dios creador Make-Make y a varios komari, símbolos de la fertilidad  femenina. La arqueóloga estadounidense, Georgia Lee contó 1.700 petroglifos en este lugar, lo que lo convierte en el sitio más importante de petroglifos de toda la Isla de Pascua. Lamentablemente el acceso a esta zona está restringido por la fragilidad de la edificación, ya que para acceder a los grabados se tiene que caminar sobre el techo de la casa Mata Ngara’u. Desde Mata Ngara’u, siguiendo por el camino que bordea el cráter, hay unos escalones que llevan al sendero de regreso. Justo en la confluencia de ambos senderos, pueden verse los restos de un pequeño ahu, que es el único en Orongo. Por su tamaño y diseño sencillo, se trata de una construcción muy antigua. Debido a la fragilidad de este sitio arqueológico se estableció la ruta actual a través de senderos bien definidos y se limitó el acceso a las zonas más vulnerables. 

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