Marama

Algunos siguen al sol, pero nuestra vida está unida a los ciclos de la luna, de Marama. Nuestra vida la contamos según las noches, no según los días. Nosotros acatamos los ritmos interiores y las energías de la naturaleza que fluyen de Marama. Impulsadas desde el cielo, rozan los mares subiendo y bajando las mareas, llevando las corrientes de los océanos por lejanías sin fin y  elevando la savia a los árboles de nuestros bosques. También en nosotros suben y bajan las mareas. Las corrientes de la procreación y la concepción fluyen en hombres y mujeres a través de la energía lunar.

             La Luna llena eleva espíritu, alma y cuerpo, para que cumplamos tareas que sobrepasan nuestra fuerza habitual; libera energías para aprender y enseñar, pensar y accionar , como en ningún otro momento. Cuando decrece nos retiramos para planificar las cosas que queremos realizar con el retorno de su luminosidad. Cada año Marama y sus hijos, las estrellas, nos revelan cuando es el tiempo de plantar y cosechar, cuando pescar y cazar, cuando es tiempo de navegar hacia nuevas tierras y cuando es el momento para los esponsales. Los niños recién nacidos bajo la luz de la luna son los niños de Marama, los Ariki, distinguidos por sus Varua.

 

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            En luna creciente nuestras madres observan a sus hijos para descubrir los caminos de su Varua. Descubren que algunos se activan llenos de curiosidad, agarran insectos y pequeños peces, los investigan y hacen muchas preguntas. Sus almas vuelan como un halcón siguiendo la ruta del arco iris para observar las estrellas. Ellos llevan en su interior el Varua con el saber sagrado de sus ancestros. También existen niños que se alteran con la luminosidad de Marama y liberan sus iras trabajando la tierra, construyendo muros de piedra o canales de regadío. Otros en cambio se resisten a canalizar su fuerza en tareas comunitarias, prefiriendo golpear a sus hermanos y hermanas hasta dejarlos inválidos. Ellos transitan por la via de los perdidos. Finalmente algunos permanecen tranquilamente sentados cuidando el fuego hasta que los demás regresen.

             Marama separa las aguas del alma y permite acceder a los caminos del espíritu. A veces nace un niño con un Varua más viejo que viejo, con una profunda sabiduría que supera su Mauri (cuerpo físico) su Ha (fuerza del corazón ) y su Hau (aliento). Es demasiado joven para seguir el largo camino del Varua y solo permanece poco tiempo en este mundo. Durante nuestro alumbramiento buscamos nuestro Varua en las estrellas y con nuestra muerte éste regresa a ellas.”

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