María de los Ángeles Gallardo – Centro Científico ESMOI, Facultad de Ciencias del Mar, Universidad Católica del Norte
A más de 1.000 metros de profundidad, donde nunca llega la luz del sol y la temperatura apenas supera unos pocos grados, existe un mundo que hasta hace muy poco permanecía prácticamente inexplorado. Allí viven pequeños crustáceos conocidos como squat lobsters, parientes lejanos de las centollas y cangrejos porcelana, que rara vez superan unos pocos centímetros de longitud. Sin embargo, detrás de su pequeño tamaño esconden algunas de las historias evolutivas más sorprendentes del océano Pacífico.
Hace algún tiempo contamos la historia de Galathea tukitukimea y Trapezionida diritas, dos especies descubiertas sobre los 500 m de profundidad. Esta vez descendimos mucho más abajo para conocer a una familia completamente distinta: los Munidopsidae, habitantes del océano profundo.
Gracias a las expediciones realizadas por el Centro ESMOI durante 2024 a bordo del RV Falkor (too), y utilizando el ROV SuBastian, pudimos colectar ocho especies de Munidopsidae. Una de ellas, Munidopsis aff. atlantis, incluso se «autocapturó». No sabemos exactamente cómo llegó al contenedor de succión; pensamos que probablemente permanecía oculta entre corales y entró sin que nos diéramos cuenta. Solo supimos de su presencia cuando revisamos las muestras obtenidas en el monte submarino JF6 de la dorsal de Juan Fernández.





De las ocho especies encontradas, cuatro resultaron ser nuevas para la ciencia, mientras que las otras cuatro nos contaron una historia mucho más amplia: la del sorprendente contraste entre el endemismo de los montes submarinos del Pacífico suroriental y la conectividad a gran escala que existe en estos mismos montes, pero en grandes profundidades, conectando todo el océano Pacífico.
Para entender esta historia debemos comprender que la profundidad es la clave.
En los primeros cientos de metros del océano Pacifico sureste existen fuertes gradientes de temperatura, oxígeno, alimento y otras variables ambientales. Estos cambios representan verdaderas barreras fisicoquímicas y ecológicas para muchas especies. Las dorsales de Nazca, Salas y Gómez y Juan Fernández presentan además condiciones oceanográficas muy particulares, que hacen que estas zonas sean catalogadas como una de las de mayor endemismo del planeta.


Pero ¿qué ocurre bajo los 1.000 metros?
A esa profundidad gran parte de estos gradientes comienzan a suavizarse y el ambiente se vuelve mucho más estable. Allí domina una enorme masa de agua conocida como Agua Profunda del Pacífico: fría, muy antigua y sorprendentemente rica en oxígeno.
Una de las hipótesis que surge a partir de nuestros resultados es que esta relativa homogeneidad ambiental podría favorecer una mayor conectividad entre las poblaciones profundas del Pacífico. En otras palabras, cuando desaparecen muchas de las barreras ambientales presentes en aguas más superficiales, las especies de profundidad podrían distribuirse a lo largo de miles de kilómetros ocupando ambientes muy similares.
Y justamente eso fue lo que encontramos. Munidopsis comarge, descrita originalmente para Australia y Nueva Zelanda, apareció viviendo en los montes submarinos del Pacífico sureste. Munidopsis aff. atlantis, estrechamente relacionada con una especie conocida del Océano Índico, también estuvo presente en nuestras muestras. Munidopsis tiburon, descrita para el Pacífico norte frente a California, fue registrada por primera vez en esta parte del océano. Incluso Galacantha rostrata, una especie cuya distribución incluye el Atlántico, el Índico y el Pacífico, apareció en nuestras expediciones.
Más sorprendente aún es que las diferencias genéticas entre algunas de estas poblaciones son muy pequeñas, reforzando la idea de que el océano profundo podría estar mucho más conectado de lo que imaginábamos.
Mientras las especies encontradas bajo los 1.000 metros nos hablan de una sorprendente conectividad transpacífica, las cimas y laderas de montes submarinos situados a menor profundidad nos revelaron exactamente el patrón opuesto. Allí descubrimos tres especies completamente nuevas para la ciencia: Munidopsis amnos, Munidopsis molinai y Munidopsis oryza, todas registradas sobre los 750 m de profundidad.
La excepción es Leiogalathea rosula. Esta nueva especie fue registrada previamente por Paula Rodríguez-Flores en Nueva Caledonia y ahora la encontramos también en la dorsal de Salas y Gómez, la descripción fue realizada usando ambos registros. Genéticamente ambos especímenes corresponden a la misma especie y fue encontrada entre los 646 y 1.130 m de profundidad, demostrando que algunas especies pueden extender su distribución a través del umbral hipotético de los 1.000 metros.

Montes submarinos como ecosistemas
Los Munidopsidae no solo viven en grandes profundidades; también ocupan una sorprendente diversidad de microhábitats. Durante las inmersiones los observamos sobre sedimentos finos, roca volcánica, grietas y fracturas, pequeñas cavidades donde se acumula arena, coral rubble (fragmentos de coral muerto), colonias de corales vivos pertenecientes a distintos grupos e incluso entre conchas de moluscos. Cada especie parecía tener sus propias preferencias.
Sin duda, la especie menos selectiva a la hora de encontrar refugio fue Munidopsis comarge. Este pequeño langostino, de apenas dos o tres centímetros de longitud total, fue observado viviendo sobre diferentes especies de corales, tanto vivos como muertos, formando agrupaciones de varios individuos sobre una misma colonia, pero también ocupando roca volcánica desnuda y otros sustratos disponibles. Todo indica que se trata de una especie muy flexible, capaz de aprovechar cualquier estructura compleja que le proporcione refugio.
Pero quizás la observación más llamativa fue otra. Los individuos encontrados sobre corales blancos presentaban una coloración mucho más clara, mientras que aquellos asociados a corales amarillos o anaranjados exhibían tonos similares a los de su hospedador. ¿Se trata de un mecanismo de camuflaje? Aún no lo sabemos, pero esta observación abre una nueva pregunta científica que esperamos responder en futuras investigaciones.

morfo naranjo Monte Solito 612 m

Madrepora 673 m Monte Solito
Durante mucho tiempo pensamos que el océano profundo era un ambiente uniforme y poco diverso. Hoy sabemos exactamente lo contrario. Cada inmersión revela nuevas especies, nuevas asociaciones ecológicas y nuevas preguntas sobre cómo la vida ha logrado colonizar uno de los ambientes más extremos del planeta. Quizás el mayor descubrimiento de estas expediciones no fueron solamente las cuatro especies nuevas para la ciencia, sino comprender que, en las profundidades del Pacífico, montes submarinos separados por miles de kilómetros siguen formando parte de una misma historia evolutiva.