Ninoska Cuadros, ingeniero comercial y actual Gerenta de la Corporación Nacional Forestal, CONAF, es una de las tres hijas que tuvo Margarita Hucke con su marido, Patricio Cuadros,  marino mercante y piloto del navío chileno “Navarino”. La familia Hucke, originalmente llamada Huki, es una de las 36 familias originarias de Rapa Nui. Sus abuelos son Alberto Hucke Make y Elena Atan, hija de un norteamericano llamado Charles Wilson, primer piloto de “El Dorado”, barco que naufragó frente a la isla en junio de 1913.  Tuvieron 11 hijos de los cuales Margarita, madre de Ninoska,  es una de las menores.

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Nos relata Ninoska que su madre subió al buque “Navarino” para juntarse con su novio en Puerto Rico, pero en Valparaíso supo que éste había fallecido en Vietnam. Permaneció en Valparaíso aprendiendo el idioma castellano y con el tiempo se quedó con el piloto del barco, el solterón Patricio Cuadros,  y tuvieron familia. “Yo nací en Quilpué el año 1969. Mi padre navegaba 6 a 8 meses en el año y mi madre se convirtió en la matriarca que nos educaba a su manera. Recuerdo que en Quilpué, entre los años 70 y 90, ella alojaba a todos los que necesitaban hospitalidad, tal como Papa Kiko, Rubén Hito, la Mama Lara y a muchos más. Me crié en un hogar rapanui muy aclanado. Sólo íbamos a la isla durante las vacaciones de invierno. Lamentablemente ella cometió un error. Fue debido a su mala experiencia cuando estudió castellano, le hacían mucho bulling por ser rapanui. A raíz de ello nos exigió a las tres hijas hablar y escribir primero un perfecto español, olvidándose de hablarnos en rapanui. Aprendimos sólo algunas palabras y frases cuando llegaban familiares y amigos de la isla. Hoy entiendo rapanui, pero hablar no me atrevo, también a mí me tocó el bulling de mis parientes que se reían de mis intentos. Pero lo que importa es que soy y me siento rapanui.»

«Estudié varias carreras, siempre pensando en aplicarlas en la isla. Luego elegí Ingeniería Comercial porque me entusiasmé con la idea de hacer una fábrica de mermelada de guayaba en la isla, junto a mi tía Graciela Hucke que era ayudante de Uka Tepano cuyo marido, Gerardo Velasco, había adaptado una especie de galpón en Hanga Pico para ese proyecto. En 1989 fui de vacaciones a la isla, pero me quedé seis meses porque me había enamorado. Finalmente volví al continente y terminé mis estudios, pero en vez de trabajar me inscribí para cursar Derecho. No continué porque en ese tiempo se ejercitaba el derecho sólo por oficio, muy aburrido, recién años después se produjo la reforma procesal que permitía juicios orales.»

«Después de trabajar un año regresé a la isla en 1997 y me entusiasmó el proyecto del alcalde de entonces, Petero Edmunds, y decidí quedarme. Trabajé 6 años en la Municipalidad en el área Control. Luego me contrataron como administradora de la Fiscalía. Recuerdo que cuando empezó la reforma procesal teníamos 25 denuncias de violencia y violaciones, casi nada, pero cuando las mujeres empezaron a confiar, estas denuncias aumentaron considerablemente. Me llamó mucho la atención que el maltrato infantil, el maltrato de género y el hurto fueron los delitos de mayor índice en la isla. Ahí me percaté que la fiscalía tampoco era mi lugar, me enfrentaba a hechos  ya consumados y yo buscaba actuar en la prevención y educación. Desde ese momento participé en todos los programas de protección de los derechos de los niños a través del Haka Pupa, logrando combinar ambas tareas.»

«Hoy estoy convencida que cualquier programa de prevención y ayuda debe comenzar en casa y con un sistema cultural adecuado. Lamentablemente en Chile los programas no son adaptados a la idiosincrasia isleña. Recuerdo que entre el 2004 y 2010 las instituciones se podían inscribir a un programa FAS, Familia Acogida Simple, desarrollado por el SENAME y consistía en lo siguiente: si un niño no tenía padre y si la madre -por ejemplo- era alcohólica, lo tomaba la abuelita. Ella obtenía todas las atenciones, tanto psicológicas como otras, y los recursos necesarios para que al niño nada le falte y esté contenido. Este programa no dio resultado en Chile continental pero fue el único adecuado para nuestra realidad cultural. Lamentablemente con el cambio de gobierno, el nuevo Director del SENAME  lo eliminó a pesar de que le solicitamos mantenerlo.»

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«En 1988 la gobernadora de entonces – Carolina Hotus – tenía como objetivo cambiar las jefaturas de las instituciones públicas en la isla y llamó a concurso para asumir la jefatura de la Corporación Nacional Forestal, CONAF, que manejaba la materia prima del turismo, o sea, el Parque Nacional Rapa Nui.  Consulté con mi familia, con mi  pareja Gustavo Edmunds Paoa,  y postulé. Entré a trabajar el 2009. Durante todos estos años he logrado mantener un buen equipo de trabajo cooperativo, todos somos rapanui, todos nos conocemos bien y hemos aprendido mucho con los años de experiencia.»

«También hemos cooperado con los turoperadores rapanui quienes nos manifestaron que había que mejorar la infraestructura y los servicios en el Parque. Como era sabido que CONAF no tenía recursos y que el Estado no iba a poner más dinero, ellos nos propusieron subir el valor de la entrada al Parque para generar recursos propios de la isla y así financiar estas mejorías.  En marzo del 2010 comenzaron a regir los precios ajustados que hoy conocemos. Ese año no fue alta la recaudación, fue el año del terremoto, sólo quedó un saldo de 35 millones que se juntó finalmente con los 400 millones de excedentes de la recaudación del 2011. Pero, sucede que la institucionalidad chilena tiene sus leyes y no existe la reinversión de excedentes, sino que éstos retornan a Santiago y se redistribuyen en todos los parques del país. Gracias a un esfuerzo de la Comisión de Desarrollo de Rapa Nui (CODEIPA) y la Cámara de Turismo local se logró negociar con CONAF central para que -por excepción- los excedentes de los ingresos del Parque se mantuvieran en la isla.»

«Con los excedentes  obtenidos desde el 2012 hasta el 2014, nosotros realizamos proyectos de mejoramiento en Anakena, Te Pito Kura, La Perousse, Rano Raraku y Hanga O’Teo. Lamentablemente en el año 2015 no hubo ingresos debido a la toma del Parque. Para que se depusieran las tomas, el Gobierno propuso la Coadministración del Parque con una comunidad indígena representada por las 36 familias rapanui existentes. Después de una consulta indígena en agosto pasado y la elección de la comunidad coadministradora Ma’u Henua,  se firmó el convenio. Hay que reconocer que lo sucedido fue un acto histórico. Para mí,  la mayor ganancia de este proceso es la revitalización de las familias rapanui que anteriormente estaban dormidas, dejando las decisiones en manos de las autoridades. Ahora veo que hay mayor unidad y compromiso con el desarrollo de la isla en su totalidad. Aún falta maduración y liderazgo. De este proceso emergerán líderes naturales que continuarán haciéndose cargo efectivamente y afectivamente de la isla.»

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