Vai a Heva (agua de Heva) se llama la escultura monumental de una cara cuya boca abierta es una cavidad natural para recolectar agua de lluvia. Está ubicada en un roquerío del Maunga Vai a Heva, uno de los tres montes al norte de la península del Poike. Su nombre tendría su origen en la historia de unos profesores de Rongo-rongo (escritura desarrollada en Rapa Nui) según lo relatada por Uka Tepano Kaituoe (Q.E.P.D.) en sus Manuscritos que pronto saldrán a la venta.

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“Una vez, dos jóvenes hermanos, Raki y Mata Nui, fueron a estudiar Rongo-rongo en Te Tiamo al norte de la isla, donde vivían seis profesores, todos hermanos. En seis meses aprendieron bien a leer y escribir y a recitar un Patautau (recitación rítmica de textos tradicionales) para hacer un Hoko (un baile guerrero) a un pájaro de madera llamado Piu. Al irse, uno de ellos – Raki – mató a los profesores, menos a Heva, el mayor, que estaba ausente en ese momento, y Mata Nui se llevó el pájaro Piu. Al día siguiente, la señora que servía a los profesores llegó con el desayuno y los encontró muertos en sus lechos. Pegó un grito de horror. Los vecinos llegaron a consolarla y al ver a los muertos empezaron a investigar. La señora les dijo que antes de acostarse les sirvió la comida a los hermanos, y que éstos estaban con dos extraños. Todos dijeron: “ellos fueron los culpables” y mandaron a avisar al hermano mayor. Lo primero que éste hizo fue tallar un Moai con la boca abierta como si estuviera llorando, en honor de sus hermanos asesinados. Le puso el nombre de Vai a Heva. Después le puso nombre a todos en cada pozo de agua, al segundo lo llamó Vai U’utu Roroa, al tercero Vai Taringa Aku-Aku, al cuarto Vai Tino He’e, al quinto Vai a Angi, y al sexto Vai a Uri.

Después de tres meses, un joven del lugar fue a visitar a un amigo en el volcán Rano Kau, al sur de la isla. Al mes se atrevió a preguntar por las novedades del pueblo y el amigo le contó que en una semana más iba a haber un desfile con bailes y disfraces y dos personas llevarán adelante un pájaro de madera llamado Piu. Al llegar el día, el joven visitante se disfrazó y se filtró en la muchedumbre para escuchar las conversaciones de la gente y descubrir el significado del baile. Con los saltos del baile, el extraño iba cambiando de lugar sin que nadie se diera cuenta. A la vuelta de Vinapu, por Te Kioe Uri, se adelanta hasta entrar en una casa donde comprobó el significado de la fiesta. Se distanció cantando y saltando hacia atrás por la misma fila, hasta llegar a la casa de su amigo. Muerto de cansancio comió y se durmió. Despertó cuando ya estaba oscuro y todos los festejantes dormían. Se levantó, se despidió de su amigo y partió corriendo a su casa donde lo estaban esperando. Cuando les comentó que los responsables de la muerte de los profesores eran Raki y Mata Nui, salieron dos personas, corrieron hasta Reinga Karo a tomar venganza. Llegaron esa misma noche y mataron a cientos de personas. A su regreso todos los felicitaron y celebraron.

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Después de tres días a uno de los vecinos de los festejantes, se le ocurrió ir a ver lo que pasaba con ellos. Ya era el cuarto día y los encontró a todos muertos con los ojos llenos de Veri, que es la larva de la mosca. Llamaron a los vecinos para ayudar al entierro de los fallecidos y todos supieron de las maldades de Raki y Mata Nui. Desde ese momento ese lugar recibió el nombre de Mata-Veri.

La autora, Uka Tepano Kaituoe, hija mayor de Esteban Tepano Ika y de Emilia Kaituoe, nieta de Juan Tepano, informante de los investigadores Metraux y Katherine Routledge, nació en 1929. Durante su matrimonio con Gerardo Velasco García- Huidobro entre 1971 y 2004, año de su fallecimiento, dejó constancia en sus Manuscritos de las enseñanzas y relatos recibidos de su bisabuela Veriamo, sus abuelos Juan Tepano y Engepito, así como de su padre. A la usanza de entonces, las historias eran repetidas a los niños en aquellas tardes de convivencia después del trabajo. La narrativa oral de historias no escritas se transformó en una tradición, cultivada en algunas familias con gran esmero y respeto. Estos 75 cuadernos manuscritos son el más extenso trabajo en lengua vernácula que refleja un modo de vida de tiempos pasados. Los textos fueron traducidos por Betty Haoa y editados por Gerardo Velasco.

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