Magnetismo en Rapa Nui

Entre los sitios más visitados por su magnetismo se encuentra una gran piedra de forma ovalada llamada Te Pito Kura y una sección del camino a Anakena, a medio kilómetro de la playa. ¿Percepción o realidad? Veamos lo que dicen los investigadores.

by Cristian Moreno Pakarati – Historiador / Historian

Rapa Nui, como toda isla volcánica, es abundante en anomalías magnéticas debido a una combinación de factores geológicos. Lo más importante es la cantidad de elementos ferromagnéticos en las rocas de la isla, principalmente en las áreas que contienen roca madre de origen basáltico o andesita. Además, ciertas rocas de la isla contienen información para estudios de paleomagnetismo, pues indican la intensidad y dirección del campo magnético en la época en que se formaron. A esto se le llama magnetización remanente natural.

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Entre los sitios más conocidos por su magnetismo se encuentra una gran piedra magnética de forma ovalada llamada Te Pito Kura. La piedra es de valor etnográfico y fue descrita ya por la expedición de William J. Thomson en 1886, quien aseguraba que los habitantes de rapanui la consideraban como significativa. Aparentemente dividía dos distritos tribales costeros en el período inmediatamente anterior a la cristianización de rapanui. Sin embargo relatos antiguos desde la tradición oral señalan que la piedra habría tenido su origen fuera de la isla y que fue llevada a Rapa Nui por los primeros pobladores. Otro relato, recopilado por Englert, señala que tras cada parto en el agua, el cordón umbilical que unía a la madre con su hijo se cortaba sobre esa piedra o sobre una idéntica. Sin embargo, el análisis geológico deja en claro que dicha piedra encaja en la formación geológica de la isla, tanto por su datación como por su composición química. Te Pito Kura posee un altísimo 29,60 x 103 SI de susceptibilidad magnética, es decir, tiene facilidad para ser magnetizado por un campo magnético externo.

Otro lugar que llama la atención de los visitantes es una sección del camino que va de Hanga Roa a Anakena, a medio kilómetro de la playa y demarcado por un pipi horeko. Entre dos subidas extensas hay unos 60 metros de camino que parecen estar en declive (o viceversa según la perspectiva). Sin embargo, al detener el vehículo y dejarlo en marcha neutra, tras soltar los frenos éste parece subir a velocidad cada vez mayor en lugar de bajar por el camino. Muchos anfitriones muestran este sitio a los impresionados visitantes y aseguran que se debe a causas magnéticas. Sin embargo, no es más que otro caso de una colina gravitacional (“gravity hill” en inglés), donde la pendiente o el declive son producto de una ilusión óptica. Sin embargo, la realidad factual no siempre tiene un efecto sobre la percepción social o la importancia cultural de los sitios y lo más probable es que la historia del camino magnético se siga contando por generaciones.

El primer estudio del campo magnético terrestre efectuado en Rapa Nui fue en 1916, cuando el barco científico Carnegie al mando del capitán James Percy Ault, visitó durante algunas horas Rapa Nui en una misión encomendada por el Departamento de Magnetismo Terrestre del Carnegie Institution. La misión era recorrer los océanos y hacer mediciones permanentes sobre la dirección y la fuerza del campo magnético terrestre, siendo parte esencial de la Prospección Magnética Mundial (World Magnetic Survey). El Carnegie volvería en 1928, esta vez deteniéndose seis días con equipo más moderno a hacer estudios magnéticos en Rapa Nui. Los resultados fueron importantes para la recolección de datos magnéticos a nivel global. En este viaje una de las anclas se perdería en Hanga Roa. Algunos periódicos chilenos señalarían informalmente que el Carnegie habría detectado grandes anomalías magnéticas en la isla. Sin embargo, en las publicaciones oficiales no se menciona nada de esto.

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Durante los años 60 se investigó nuevamente para obtener información magnética para la construcción de la pista de aterrizaje de Mataveri. En estos años, el meteorólogo alemán Karl Schanz señaló al diario La Nación que encontró una roca en Mataveri (posteriormente dinamitada para la construcción de la pista) que contenía líneas que indicaban tanto las posiciones del sol en los días de los solsticios y equinoccios, como otras líneas en rocas cercanas que marcaban tanto el norte geográfico como el norte magnético. Este hallazgo fue analizado por William Liller posteriormente, sin embargo, el hecho de que la roca original haya sido dinamitada y que las fotografías de esta “piedra calendario” sean de baja resolución y sin referencias externas, han impedido confirmar el descubrimiento. Schanz señaló que sus estudios se dificultaron por las inconsistencias en la lectura de sus instrumentos magnéticos, anomalías que según él se debían a concentraciones de hierro y corrientes geomagnéticas. El Dr. Ramón Campbell percibió anomalías similares en la península de Poike en la cumbre de Ma’unga Puakatiki.

Gracias a los estudios paleomagnéticos hechos por varios geólogos renombrados desde 1976 hasta 2002, fue posible determinar que casi todas las muestras de roca de Rapa Nui tienen la polaridad normal de Brunhes, es decir, son de los últimos 780 mil años. De ahí que las fechas de formación geológica de Rapa Nui hayan sido revisadas por Vezzolli y Acocella hacia el último millón de años, demostrando un último flujo de lava (Roiho) que data de hace 110 mil años atrás, reemplazando la creencia de que la isla se formó hace 3 millones de años y que tuvo erupciones volcánicas en el holoceno.

Recientemente se ha demostrado que algunas anomalías magnéticas no son de origen geológico ni tampoco generadas por magnetización remanente natural, sino que directamente producidas en la superficie por causas naturales o antropogénicas. Entre estas se destacan: (1) los incendios, tanto naturales como provocados que alteran significativamente el magnetismo del suelo; (2) la presencia de bacterias magnetotácticas en el suelo; y (3) la acción directa del agua o la lluvia para arrastrar sedimentos y enriquecer una superficie con minerales magnéticos.

 

Jörg Fassbinder y su equipo concluyeron tras un estudio en terreno que estas leves anomalías son medibles con los instrumentos adecuados, pese al fuerte magnetismo natural de fondo que condiciona las mediciones. Esto les permitió determinar que era posible detectar la presencia de vestigios arqueológicos bajo tierra sin necesidad de excavar usando simplemente un magnetómetro de cesio. Con esto se pretende facilitar el trabajo de los arqueólogos en el futuro ya que durante los experimentos encontraron un sinnúmero de estructuras basálticas (por ejemplo, cimientos de hare pa’enga o casas-bote), incluyendo algunas aparentemente no identificadas. Esto permitiría que los arqueólogos en el futuro excaven el mínimo y con el menor impacto posible los sitios patrimoniales de Rapa Nui.

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