Iorana  MANUTARA

“Iorana, bienvenido Manutara y gracias por venir a Rapa Nui”  fue el inicio de la canción  que inventó Parapina Araki cuando el pájaro, viniendo desde este a oeste, bajaba por Vinapu y se posó en la pista arenosa de Mataveri.

Manutara es el gaviotín pascuense que cada año en primavera anida en los islotes frente al volcán Rano Kau.

El arribo del hidroavión Manutara, que había unido la ciudad de La Serena con Isla de Pascua en 19 horas y media de vuelo sobre el mar, con el combustible suficiente para 24 horas de vuelo y con víveres para 15 días, por si acaso, había sido un éxito. Sin embargo, al término de la bella canción de bienvenida, el cielo abrió sus compuertas y comenzó una lluvia torrencial, enterrándose el avión en el barrial de la pista. Para sacarlo tuvieron que amarrarlo y tirarlo con caballos, bueyes, cuerdas y la ayuda de toda la comunidad hasta la casa de huéspedes de la Fach.

 

El comandante de la nave era Horacio Barrientos, jefe de la base de Quintero,  pero el planificador del vuelo fue el Capitán de Bandada,  Roberto Parragué Singer, quién conoció la isla al viajar como guardiamarina a bordo de la Baquedano en los años 1933 y 1935. 

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Posteriormente entró a la Fuerza Aérea y al egresar hizo realidad su sueño proyectando el primer vuelo del Manutara. Parragué había dejado como tarea a los lugareños Alberto Huke, Simón, Emilio y Napoleón Paoa, a los hermanos Pakarati y Domingo Paté  entre otros, la  preparación de una pista  de aterrizaje de 400 metros. No existían máquinas apropiadas para esta tarea, pero a todos les sobraba el entusiasmo. La compactación de la pista fue el trabajo de treinta mujeres voluntarias a cargo de Juan Edmunds, empleado de la compañía ovejera Williamson Balfour. Alfredo Tuki recuerda…entre ellas estaba Graciela Paté, Parapina Araki, Emilia Tuki Kaituoe, Magdalena Hito y muchas más. Durante años ellas comenzaron a sacar las piedras y las acarreaban en sus polleras, porque no habían carretillas. Hacían hoyos en la futura pista y enterraban las piedras chicas para compactar mejor. También habían rocas tremendas de grandes y  los hombres tenían que romperlas con combos, chuzos y cuñas y sacarlas con carretas tiradas con bueyes. Algunas mujeres se montaban a caballo para hacer correr  a los animales en la pista y dar vuelta los piños de ovejas, vacunos y caballos para que apisonaran la tierra. Lamentablemente, hasta la fecha, no ha habido un reconocimiento a estos viejos rapanui visionarios, que con su esfuerzo prepararon la pista de aterrizaje. 

Era el 20 de enero de 1951. Todo el pueblo estaba esperando la llegada del Manutara , el hidroavión Catalina, con un curanto y los tradicionales collares de flores para  sus nueve tripulantes. A las 13:30 horas, el Capitán de Bandada, Roberto Parragué Singer, gritó a toda voz “ la isla, la isla“ con la emoción indescriptible de ver realizado su gran anhelo de unir al Chile continental con el insular. La tripulación, a medida que se acercaban a tierra, iban divisando decenas de pascuenses corriendo  alborozados hacia los cerros para ver volar sobre sus cabezas ese ruidoso pájaro que jamás habían visto.   

Al exitoso arribo del hidroavión Manutara siguió el fracaso rotundo de su regreso. Debido al mal estado de la pista, el avión intentó despegar desde el mar, resultando dañada una de sus alas. Fue desarmado y llevado por el transporte Pinto a la base de Quintero para su reparación. Este viaje del “Manutara” a Isla de Pascua sirvió de guía y experiencia a un aviador australiano para realizar dos meses después, en otro Catalina, el viaje Australia-Chile con escala en Rapa Nui, lo que dio origen posteriormente a la construcción de una pista de 2000 Km en Mataveri.

Después de ocho años, en enero de 1959, Parragué osó un segundo viaje de ida y regreso exitoso a Rapa Nui sin permiso institucional, lo cuál le significó dejar la Fuerza Aérea de Chile. Posteriormente, con su propio avión Catalina bautizado Manutara II,  volaría nuevamente a Rapa Nui en 1961 y 1963, extendiendo su destino a Tahiti en 1965. El Congreso Nacional, en reconocimiento a sus méritos, le concedió el grado de General de Aviación. En sus declaraciones a la prensa en 1965 expresa…“un vuelo me costó el retiro y otro me significa un ascenso.” El viaje del “ Manutara” fue para los isleños uno de los grandes acontecimientos en su reciente  historia. En gratitud le regalaron a la gente de La Serena uno de sus tesoros más preciados, un Moai de casi 4 metros de altura, expuesto actualmente en el Museo Arqueológico de la ciudad.

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