Analola Tuki

Hija de Lucas Tuki Schmidt y de Ana Teao Manuheuroroa. Nació el 21 de junio 1928.  Es la menor de 11 hermanos, todos fallecidos. Analola fue considerada por muchos una de las mujeres más bellas de Rapa Nui. 

 En los años cincuenta trabajó con Thor Hayerdahl y recuerda que los isleños envejecían la artesanía y la vendían como antigua. Los rapanui sacaban las piedras que estaban  debajo de las palmeras, las tallaban y con el betún del plátano más el jugo de sus hojas se envejecía las piezas. Posteriormente le toco colaborar con el español Kitin Muñoz con su proyecto de la Mata Rangi (1998) y asimismo en la película de Kevin Costner (1993-4), siendo la encargada de la cocina para las delegaciones. También trabajó durante 38 años en el viejo hospital y el leprosario, cuidando a más de 50 enfermos hasta el último que murió. Según ella, muchos de los que estaban en el sanatorio eran personas sanas: “Recuerdo que si alguien tenía alguna mancha de nacimiento, de inmediato era enviado al leprosario y  ahí se contagiaban y morían.”

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Me casé a los 21 años (1949) con Belisario Rapu, quién comenzó a trabajar como capataz  en la Compañía Williamson & Balfour y con mi padre eran colegas. Mi papá me obligó a casarme, yo no estaba enamorada, pero con el tiempo logré quererlo. La Compañía me hizo una fiesta de casamiento maravillosa. En la iglesia y la plaza la arreglaron muy linda, cubrieron todo con mallas de arpillera, recuerdo que había una pieza para baile, otra con mesas para comer. Estuvo todo el pueblo. Tuve 17 hijos con Belisario más una que sólo es mía (Jaqueline). Yo estuve con Arne Hackman, comandante del barco noruego que traía a Hayerdahl.  Me hice cargo sola de mis 18 hijos, algunos los envíe a estudiar a Santiago y salí adelante con todos ellos.

En cuanto a los partos, tuve todos mis hijos en mi casa, a excepción del menor, Akahanga, quien nació en el Hospital.  En el nacimiento de mi primer hijo, me ayudaron mis padres y mis suegros. Me hincaba y en 4 patas hacia fuerza, pujaba y salía la guagua. Mi mamá la recibió. Con la experiencia anterior, el resto de los nacimientos los realicé sola, les cortaba el ombligo; la medida era 4 dedos, lo amarraba bien firme y le hacia tres nudos, era una marca antigua y luego con un mata’a (obsidiana) lo  cortaba.  Con el último parto, en el hospital, tuve problemas y casi me muero.

 

Tuve una linda niñez con todos mis hermanos. Recuerdo que antes había muchos vacunos y chanchos; las langostas se podían sacar, todos los días, desde Tahai hasta Mataveri Otai. Cuando tenía como 9 años íbamos al volcán Rano Kau a sembrar mangos, flores, plátanos, uvas, paltas, brevas, de todo, y después nos bañábamos y jugábamos; lo pasábamos bien, la vida era muy simple y bonita.

La Compañía era muy buena con nosotros, teníamos muchos beneficios, a cada empleado le correspondían 4 raciones de Mamoe (cordero) al mes. Imagínate, trabajaba en la Compañía mi papá, mis hermanos y parientes, reuníamos numerosas porciones y las compartíamos con todas nuestras familias y vecinos. Cuando se fue (1953) estábamos todos muy tristes.

 Cuando tenía 7 u 8 años fui al colegio, pero no llegué a ningún curso, en ese tiempo teníamos una escuela chica. Primero, los profesores nos hacían las clases en castellano y no entendíamos nada. Nos dedicábamos más a jugar que a estudiar. Después llegaron las monjitas, ellas hacían las clases en rapanui. Recuerdo que todo el día decían Hapi (libro) y con una huasca nos pegaban fuerte, a mi no tanto, pero mi compañera de banco y amiga Rufina Paoa, le pegaban harto. Las clases comenzaban, puntualmente, a las 8 de la mañana. Todos los niños, independiente de la edad, íbamos en la misma clase y las hacían afuera, en el patio. Nos solíamos arrancar a comer uvas, olivos y de todo lo que había plantado en ese sector.

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Cuando llegaban los barcos, los marinos regalaban su ropa, se hacían fiestas y curantos en su honor. También había muchos pololeos, toda la gente se llevaba muy bien. No había  peleas ni conflictos, como los de hoy. Antes en la isla todo era mejor, la gente no tomaba trago, no existía, y todos nos cuidábamos, éramos una gran familia. Ahora están todos más atrevidos, no respetan nada. Ahora con el alcohol los maridos maltratan a las mujeres y se ponen como locos.

El día domingo toda la familia iba a misa. Mi madre, desde muy pequeños, nos enseñó a cantar en rapanui y tahitiano, ella cantaba maravilloso. Después de la misa, la gente se iba a la plaza, llevaba a los niños a jugar y los adultos conversaban, era un punto de encuentro.

Mi marido fue uno de los primeros músicos de la isla, tocaba acordeón y guitarra y yo cantaba, ambos nos preocupamos de traspasarle a nuestros hijos todos nuestros conocimientos artísticos. Nuestra descendencia, los Rapu Tuki, son artistas integrales; son músicos, cantantes, bailarines y artesanos, que mantienen viva la cultura Rapa Nui.

 

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