Ana Hue Neru

Las Cavernas para blanquear a Jóvenes · The Caves To Whiten People

Desde fines del siglo XIX, varias expediciones han tratado de develar los misterios de la cultura rapanui por medio de investigaciones arqueológicas y su tradición oral. Los conocimientos obtenidos hasta la fecha, no han sido muy concluyentes. Esto es válido también para el ritual del “blanqueado” de jóvenes elegidos en las famosas cuevas rituales Ana Hue Neru. La más importante de ellas es la llamada Ana O Keke, la Cueva de las Vírgenes que albergaba doncellas jóvenes elegidas para prepararlas para los rituales de iniciación y otros rituales cultuales como el Tangata Manu (Hombre Pájaro). Las historias mencionan que las Neru vivían en ociosidad y se dejaban crecer las uñas en forma desmesurada. En el British Museum de Londres se expone una escultura de una mano tallada en madera antigua de Rapa Nui que representa esta costumbre de antaño. Mujeres mayores o sacerdotes cuidaban a estas vírgenes y les enseñaban cantos, danzas, juegos de Kai-kai y los poemas Patautau, además las preparaban para la iniciación sexual. También existe una segunda cueva, la Ana More Mata Puku, en la cual- según el Padre Sebastián Englert – estaban recluidos algunos jovencitos, ya a la edad de 7 años, para los rituales de iniciación a la vida adulta. Según Uka Tepano Kaituoe (2015), con los niños se practicaban ejercicios de guerra y se les enseñaba leer y escribir el el Rongo rongo.

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Ambas cuevas se encuentran en el acantilado noreste de la península del Poike, la parte más antigua de la Isla de Pascua. Actualmente Poike es una pradera más bien seca y árida con 4 bosquecillos y superficies erosivas en el Sur y Este de la península, muy distinta al período del primer poblamiento. Las muestras del suelo y análisis de polen permiten deducir la existencia de un exuberante bosque de palmeras (Bork 2006). Según las tradiciones orales, la población de entonces estaba dividida en dos razas: los Hanau E’epe u Orejas largas como la capa dominante y los Hanau Momoko, la trabajadora y subordinada. Se menciona que los Orejas Largas fueron los proyectistas de las grandes estatuas de piedras y que obligaron a los subordinados a realizar los trabajos de construcción.Ambas cuevas se encuentran en el acantilado noreste de la península del Poike, la parte más antigua de la Isla de Pascua. Actualmente Poike es una pradera más bien seca y árida con 4 bosquecillos y superficies erosivas en el Sur y Este de la península, muy distinta al período del primer poblamiento. Las muestras del suelo y análisis de polen permiten deducir la existencia de un exuberante bosque de palmeras (Bork 2006). Según las tradiciones orales, la población de entonces estaba dividida en dos razas: los Hanau E’epe u Orejas largas como la capa dominante y los Hanau Momoko, la trabajadora y subordinada. Se menciona que los Orejas Largas fueron los proyectistas de las grandes estatuas de piedras y que obligaron a los subordinados a realizar los trabajos de construcción.

Las cuevas Ana O Keke y Ana More Mata Puku se encuentran ambas situadas, una cerca de otra, en el acantilado noreste que cae a pique más de 100 metros hacia el mar. En el borde superior, en la ladera cubierta de hierba, se encuentra Ana O Keke, un tubo volcánico de 440 metros de largo (Gautier &Carlier, 1987), cuya dirección de flujo venía originariamente desde el cono volcánico en la cima del Poike llamado Puakatiki (h=370m) hasta la costa norte, descendiendo 30 – 40 m aproximados. Su entrada se encuentra a sólo 20 metros debajo del borde del barranco. En varias partes tiene un aspecto de bóveda casi perfecta y claramente se encuentran rastros del Huki, una herramienta utilizada por los isleños para cortar piedra y abrirse paso. El ancho es de 1,80 a 2 m y la altura difiere mucho, habiendo tramos desde los 30 centímetros a otros de 1,80 metros. En toda la extensión de la caverna se nota una constante filtración de agua y en las partes interiores se encuentran lagunas de agua fresca. El achatado acceso de sólo 70 cm de altura obliga entrar gateando, pero a 2 metros de la entrada se abre a 1,30 m. de altura y un ancho de 2,30 m. La luz natural que penetra ilumina un panel de 5 metros de largo y 1,20m. de alto con petroglifos únicos, no encontrados  en otro lugar de la isla y se supone que guardan relación con las tareas rituales que se efectuaban en ellas. Cerca de Ana O Keke, se encuentra un enorme surco erosivo llamado Te Tiamo donde se encontraba Riare, una pasta blanca para pintarse la cara y también Kiea rojo, un pigmento que se usaba como colorete. Después se amasaba este pigmento con zumos vegetales y se guardaba en forma de bolitas en los Ipu, unas calabazas que colgaban del techo de la cueva

 los pies del mismo acantilado, a unos 10 metros sobre el mar, en un lugar llamado Vai Mahati, se encuentra Ana More Mata Puku, la cueva de los jóvenes. Su tamaño es más pequeño con 7,5m de largo, 3,5 m de ancho y como mucho, 1,4m de alto, y también cuenta con algunos petroglifos que el espeleólogo español Lloreti i Prieto (1996) interpreta como un barco de factura simple con tres mástiles. los pies del mismo acantilado, a unos 10 metros sobre el mar, en un lugar llamado Vai Mahati, se encuentra Ana More Mata Puku, la cueva de los jóvenes. Su tamaño es más pequeño con 7,5m de largo, 3,5 m de ancho y como mucho, 1,4m de alto, y también cuenta con algunos petroglifos que el espeleólogo español Lloreti i Prieto (1996) interpreta como un barco de factura simple con tres mástiles.

Según las tradiciones isleñas relatadas por Juan Tepano a Metraux (1971), “para este culto no existían solo las Ana Hue Neru sino también las Casas-Koro, unas casas especialmente construidas donde se albergaban a jóvenes de ambos sexos que pasaban su tiempo practicando varios juegos y danzas sin salir al exterior. El Padre Englert (1948) relata una versión más monótona y triste: “seleccionados en sus tiernas infancias, los más hermosos de ambos sexos eran escogidos para ser Poki huru hare o Repa huru hare, lo que significaría “niños destinados a guardar casa”. No les era permitido salir a jugar ni correr al aire libre, para que sus cuerpos no perdieran su color blanco. Para respirar aire fresco se les marcaba con piedras un lugar estrecho, no asoleado.

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La complexión blanca se ha visto como símbolo de estatus social en la India, China, Japón y en el Sudeste Asiático. Sólo aquellos, suficientemente ricos para tener empleados, podían permitirse el lujo de quedarse en casa, protegidos del sol, mientras los pobres se asaban en los campos de arroz. La piel blanca es percibida como noble y aristocrática. La capa dirigente de la mayoría de las regiones polinesias heredaron esta costumbre, manteniendo a sus hijas apartadas del sol. La complexión blanca se ha visto como símbolo de estatus social en la India, China, Japón y en el Sudeste Asiático. Sólo aquellos, suficientemente ricos para tener empleados, podían permitirse el lujo de quedarse en casa, protegidos del sol, mientras los pobres se asaban en los campos de arroz. La piel blanca es percibida como noble y aristocrática. La capa dirigente de la mayoría de las regiones polinesias heredaron esta costumbre, manteniendo a sus hijas apartadas del sol. 

Con respecto al fin de las Neru, Englert escribe (1948): “La última mujer conocida que en su niñez había sido Neru, fue la abuela paterna de los Pakarati, Te Oho a Neru, que murió muy anciana por el año 1927. Ella se casó antes de 1850, de modo que esta institución debe haber dejado de existir en ese tiempo. 

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