Ariki Tepano Martin: Líder Comunitario

El Compromiso de Formar Comunidad, Rescatar el Idioma y Devolver la Mano a la Isla

By Consuelo Martínez

En 1987 Papaiano Jorge Tepano Paoa, -hijo de Manuel Tepano Pérez y Marina Paoa Huke, nieto de Jorge “Kai ‘Uhi” Tepano Ika y Papaino “Moni Hiva” Paoa Teave-, conoció en Rapa Nui a Conny Martin, su futura esposa. Conny siguió su viaje, le dejó una lista de teléfonos y una condición: si la amaba, tendría que ir a buscarla a Alemania. Papiano se lo tomó muy en serio y consiguió trabajo en un centro de esquí de Mont Blanc, Francia, y desde ahí empezó a marcar esos números. Una amiga le pasó el recado —»Oye, Conny, te llamó un tal Jorge de Israel»—, porque había oído Israel cuando él dijo Easter Island, y ella fue a buscarlo; se casaron en Alemania dos años después y volvieron a la isla.

Ariki creció en una casa donde se hablaba alemán y rapa nui. «Sano. Sin mucha interferencia externa», dice. «Mi mamá hablando en alemán, con su disciplina alemana. Mi papá rapa nui, con su disciplina rapa nui. Fue muy bonito mantener esos dos lazos culturales fuertes, lo que hoy en día también me marca como persona».

Su padre fue buzo durante buena parte de esa niñez, y creció rodeado de tíos que también lo eran. Sus tíos también lo ponían a mover tierra, a construir, a sembrar. A los diez años su tío Gato Tepano, a quien recuerda con cariño, le enseñó a tallar. «En la isla la familia extendida es un clan, todos te enseñan. A los diez años ya estamos tirando la tierra, construyendo, yendo con los demás tíos. Desde muy pequeño nos enseñan a hacer de todo y a compartirlo con los que menos tienen». Así se formaba a una persona en el Rapa Nui antiguo: sabía levantar su casa, bucear, tallar, cantar, cultivar, faenar un animal para la familia. Ariki viene de esa línea.

En 1997 sus padres fundaron Rapa Nui Travel, con el apoyo de Manuel Tepano, abuelo de Ariki. «Hoy es una agencia respetada, no solo en el tema empresarial, de disciplina y de servicio, sino también del lado humano».

A fines de los noventa Ariki entró a la primera generación del programa de inmersión total en lengua rapa nui del colegio Lorenzo Baeza Vega. Muchos de sus compañeros ocupan hoy cargos importantes en la isla. «El idioma es un medio para transmitir valores culturales que queremos rescatar de nuestros ancestros». A los quince años fue padre junto a Carolina Pont Icka. Siguieron juntos y terminaron sus estudios. Cuando se fueron al continente a la universidad, el niño quedó en Rapa Nui y la crianza la continuó la familia extendida. «Tal vez tuvimos que volvernos adultos muy jóvenes, pero se da aquí en la isla: los abuelos son parte de la crianza. Eso nos permitió estudiar fuera, esforzarnos y volver de lleno a trabajar en la isla».

En la Universidad de Chile se tituló de economista, el primero de Rapa Nui. Hizo su práctica en el Banco Central y pensaba escribir su tesis sobre un sistema de impuestos para un futuro gobierno propio. Cambió de tema cuando notó que su hijo, a quien había empezado a criar en rapa nui, hablaba cada vez menos el idioma. Desde 2008 el programa de total inmersión fue retirándose del sistema escolar oficial. Los padres de esa generación de estudiantes crearon la ONG Hōŋa’a Re’o Rapa Nui para darle continuidad fuera de él. «Yo dije, chuta, no todo es el dinero, ya es tiempo de devolver la mano a los antiguos». Por eso su tesis abordó una reforma educativa basada en la revitalización de la lengua y el aporte de profesoras como como Virginia Haoa y las familias.

Al titularse, la UNESCO y el Ministerio de Educación le ofrecieron coordinar la inmersión fuera del sistema. Durante casi tres años hizo de enlace entre las instituciones. Su contraparte era Christian «Oso» Madariaga, su antiguo profesor. Trajeron especialistas de Nueva Zelanda, armaron el currículum que Hōŋa’a Re’o usa hasta hoy y, con la entonces directora del Lorenzo Baeza Vega, acordaron devolver el programa al colegio. «Al final lo que se necesita es alguien que no tenga ninguna relación de choque de ego con nadie y que sea como un intermediario para poder generar algo. Uno es un cocinero más que llega a la cocina y agarra los ingredientes que tiene para hornear un pastel».

Durante la pandemia, por su transparencia y vocaciones de servicio, sus compañeros de equipo le propusieron ingresar a la comunidad indígena que administra el Parque Nacional Rapa Nui. Lleva seis años en la institución: tres como secretario del directorio, uno como gerente y dos como presidente. Tras la reapertura del parque, la institución apenas cubría sus gastos de operación. Como economista, entendió que no bastaba con sostenerla: había que ordenar las finanzas para que la comunidad pudiera invertir en su infraestructura y en la calidad de sus servicios. En 2023, Ma’u Henua cerró con un déficit de 194 millones de pesos; en 2025, con un superávit de 2 mil millones. Por primera vez desde la pandemia hubo recursos para invertir. Desde 2025, Ma’u Henua comenzó a financiar parte de Hōŋa’a Re’o. «La vida da vueltas y uno se siente bien cuando la vuelta aterriza donde debería aterrizar, donde uno pensaba».

Su madre murió hace poco. «Era una mujer bondadosa, disciplinada. Siempre queriendo ayudar a los demás», la recuerda. «Hoy, sin mi madre acá, nosotros, el equipo de Rapa Nui Travel, tratamos de mantener ese legado». Su padre se jubiló y vive en el ‘uta, donde cultiva. «Mi hijo cumple 18 ahora y planea estudiar inglés en Nueva Zelanda, continuar con sus estudios superiores y contribuir a la isla», cuenta.

Hoy reparte los días entre la familia, la empresa y Ma’u Henua. Con las cuentas más resueltas, su prioridad es formar a quienes trabajan en la institución: «El desafío más grande es educar. Que sientan que tienen una carrera dentro de la empresa, que es de todos los rapa nui». La consolidación de Ma’u Henua permite proyectar iniciativas de conservación, restauración y puesta en valor del patrimonio arqueológico. Le preocupan también los mayores, en una isla sin un buen sistema de seguridad social. «Toda la gente de esa generación que se sacó la mugre para nosotros, hoy en día, si no tiene algún familiar que lo cuide, queda desamparado».

«Al estar a cargo de Ma’u Henua tú ves al Rapa Nui entero”, dice. “Cuando me despierto, en mi cabeza están los desafíos que tenemos con respecto a las personas, al desarrollo, la tierra, el medio ambiente y nuestro patrimonio”. Su mensaje para quienes vienen: «Algunas veces hay que bajar la revolución, ponerse de acuerdo y conjuntamente cuidar nuestra isla y el corazón grande que nos dejaron nuestros ancestros para nuestra futura generación».

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