Boris Rapu

By: Consuelo Martínez

Una Vida Forjada en El Mar

Boris en su actual centro de buceo «Rapa Nui Dive Center»

Por las mañanas, antes de abrir Rapa Nui Dive Center, Boris Rapu dedica unos minutos a limpiar los alrededores de la caleta Hanga Roa O´tai. “No es que me guste limpiar —dice, es que este es mi lugar de confort. Vivo más aquí que en mi casa”. En su centro de buceo las paredes tienen pinturas y fotografías del fondo marino: tortugas, corales y peces; mapas de los sitios de buceo, reguladores, aletas y máscaras. Todo en su entorno respira agua salada, historia y esfuerzo.

Nació el 23 de abril de 1981 en el Hospital de Hanga Roa. Hijo de José Jorge Rapu Haoa y Celia Tuki Chávez, creció entre dos linajes que marcan la memoria de Rapa Nui. Su abuelo Anselmo Tuki Tepano era escultor y ganadero; su abuela Celia Chávez Hey viajaba a Tahití a comprar materiales para hacer collares y vender artesanías. “Ella hacía todo el proceso, desde sacar las conchitas hasta fabricar los collares”, recuerda Boris. “Le iba muy bien, eran una familia acomodada en ese tiempo”.

De niño, su vida oscilaba entre el mar y el campo. “No fue mala mi infancia. Fue compleja, no más”, dice con serenidad. Cuando su padre, enfermero del hospital, debía ausentarse, él pasaba los días con su abuelo materno. En el fundo Vaitea aprendió a dormir a la intemperie, bajo la lluvia, cuidando vacas. “Improvisábamos una carpa con lo que hubiera. Fue espectacular esa parte de mi vida”.

A los trece años decidió irse con su padre. Lo acompañaba en las salidas nocturnas a la costa, caminando sin vehículo ni motor. “Íbamos a sacar maíto o nanue. Con eso comíamos y regalábamos. No se vendía mucho”. A veces se mareaba, pero no importaba: el mar ya lo había elegido. “Siempre quise ir, aunque me mareara. Siempre quería estar ahí”.

En 1997, mientras estudiaba en el continente, una pareja de instructores de buceo llegó a su internado: Mary Salazar y Ramón Caballero, del Club de Yates de Viña del Mar. “Hicimos el curso Open Water. Tenía 17 años. Fue mágico: podía respirar bajo el agua”, recuerda. “El agua era heladísima, pero no importaba. Fue como descubrir otro mundo”.

Terminó cuarto medio y se unió al ballet Kari Kari, una agrupación que lo llevó a escenarios internacionales: Francia, España, Portugal, Tahití. “Participar ahí era un sueño cumplido”, dice. “Pero aunque viajara lejos, siempre extrañaba el mar”.

Boris fue parte del ballet cultural

Después de dos años intentó estudiar Ingeniería Civil Eléctrica, pero la falta de becas y dinero lo obligó a volver. “Tuve que venirme en barco, de ayudante de cocina. No tenía ni uno”. A los 22 años ya había probado de todo: bailarín, guía turístico, pescador. En 2003 formó una pequeña empresa de venta de pescado con amigos. “No le pusimos nombre. Vendíamos nomás”, cuenta entre risas.

El aprendizaje del mar

Su vida tomó rumbo definitivo al entrar al centro de buceo Orca Diving Center, dirigido por Michel García, pionero del buceo en Rapa Nui. “Entrar a Orca era un sueño. Michelle me enseñó mucho, no solo de buceo, de la vida”, dice. Allí aprendió sobre los corales, las tortugas y el impacto de la contaminación. “Antes nadie le daba tanta importancia al medioambiente. Pero entendí que si no cuidamos, se acaba. Mientras más sacas, menos hay”.

Con los años, Boris pasó a Mike Rapu Dive Center, donde perfeccionó su técnica y sumó su certificación de Dive Master. En 2014, con ahorros y finiquito, compró su primer bote, el Matakau, y empezó a hacer tours marinos. Ese mismo año su vida personal se quebró. La separación de su pareja lo sumió en una depresión profunda. “Me fui al continente, sin saber qué hacer. Estaba mal”. En 2015 viajó a Estados Unidos, trabajó en oficios de temporada y regresó con dinero para recomenzar. 

En 2017, junto a un socio, fundó Rapa Nui Dive Center. “No tenía nada, solo una mesa y cinco trajes. Pero tenía ganas de surgir”. Su impulso era imparable. “Soy hiperquinético. Hacía de todo, como circo pobre”, se ríe. El centro creció rápido: nuevos equipos, más instructores, una secretaria. “Los otros centros me miraban en menos, pero después se dieron cuenta que era competencia real”.

Boris – En la competencia Mata e Oru  Competition  – Tapati Rapa Nui 2016

La marejada que destruyó la caleta 

La pandemia de 2020 lo detuvo de golpe. El confinamiento lo obligó a cerrar el centro y quedarse en el continente con Daniela, a quien conocía desde 2017. “Fue lo peor que me ha pasado. No podía ver a mis hijos. Estuve sin verlos un año”, dice con voz baja. Daniela, enfermera de la Clínica Alemana, mantenía el hogar mientras él intentaba sobrellevar el encierro. “Yo era la nana, cocinaba, limpiaba. Lloraba mucho”.

En 2021, cuando por fin pudo regresar a Rapa Nui, una marejada arrasó con parte de sus equipos y documentos. “Perdí casi todo”. Pero, como siempre, volvió a levantarse. Ese mismo año se casó con Daniela, quien ahora es también su mano derecha en la operación del centro de buceo. “Nos casamos en plena pandemia. Fue espectacular. Estuvimos en el Sheraton y luego en el Cajón del Maipo. Fue nuestro respiro”.

Boris tiene dos hijos: Mahanua, de 16 años, y Matakau, de 9, ambos viven en Villarrica. “Son lo más importante”, dice. Les habla por videollamada cada semana. “Los escucho reír y me da fuerza para seguir. Todo lo que hago, lo hago por ellos”.

Un legado bajo el agua

Hoy Boris mira el mar con otra conciencia. “Siempre fui pro cuidado del coral, de la langosta. Entendí que hay que respetar los ciclos”, afirma. En Rapa Nui Dive Center trabaja también en proyectos ambientales junto a IMEKO, que recicla colillas de cigarro recolectadas en la caleta. “Uno junta las colillas, ellos extraen el plástico y fabrican cosas como marcos para lentes. Es un aporte pequeño, pero real”.

Su motivación, sin embargo, va más allá de los turistas y los buceos recreativos. “Yo me hice instructor no para turismo. Lo hice para enseñar a los niños”, dice. Su sueño es que el buceo se enseñe en las escuelas de la isla, como parte del plan de vida de los jóvenes. “Quiero darles una oportunidad a los que no pueden o no quieren ir a estudiar afuera. Esta puede ser su vida, su oficio, su forma de amar la isla”.

Habla del mar con la devoción de quien ha perdido y ganado todo entre sus olas. “Antes buceaba por sobrevivir. Ahora buceo para cuidar”, reflexiona Boris.

Boris administra el centro de buceo «Rapa Nui Dive Center» y hace inmersiones junto a los turistas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Reportajes Relacionados

Formulario de suscripción

© 2026 • Hecho con el ❤️ por Sooto Digital