Vaitea

Vaitea fue el nombre dado al territorio ubicado en el centro de la isla, donde existe abundante agua proveniente del volcán Rano Aroi. Cada vez que viajamos en auto a Anakena cruzamos el bosque de Vaitea, en su mayoría eucaliptus, donde los isleños suelen buscar leña para hacer sus parrilladas en la playa u otro lugar costero de la isla. Entre los árboles divisamos las ruinas de un antiguo galpón destinado en los años veinte a la esquila de ovejas y algunas viejas casas de la antigua empresa ovejera inglesa Williamson & Balfour, que arrendó la isla por casi medio siglo (1903–1953).

 

Con el aumento del ganado ovejuno, la empresa Williamson & Balfour construyó en Vaitea un  galpón principal  y otros anexos, en los cuales se instalaron corrales para la esquila.

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 Felipe Pakarati nos cuenta que su abuelo Timoteo Pakarati supervisó la construcción del galpón principal y él mismo comenzó a trabajar en la Williamson & Balfour desde muy pequeño: “ Me inicié realizando labores muy básicas, primero en tareas de rodeo y luego como marcador de fardos. Por primera vez comenzaron a regularizarse los horarios de trabajo en la isla.  Trabajábamos 8 horas diarias y las horas extras se pagaban como tales. Puedo decir que se acabó con los abusos e injusticias hacia los trabajadores que acostumbrábamos sufrir con las compañías de Brander-Bornier (1868-1888) y Merlet y Cia ( 1895-1903).”on el aumento del ganado ovejuno, la empresa Williamson & Balfour construyó en Vaitea un  galpón principal  y otros anexos, en los cuales se instalaron corrales para la esquila. Felipe Pakarati nos cuenta que su abuelo Timoteo Pakarati supervisó la construcción del galpón principal y él mismo comenzó a trabajar en la Williamson & Balfour desde muy pequeño: “ Me inicié realizando labores muy básicas, primero en tareas de rodeo y luego como marcador de fardos. Por primera vez comenzaron a regularizarse los horarios de trabajo en la isla.  Trabajábamos 8 horas diarias y las horas extras se pagaban como tales. Puedo decir que se acabó con los abusos e injusticias hacia los trabajadores que acostumbrábamos sufrir con las compañías de Brander-Bornier (1868-1888) y Merlet y Cia ( 1895-1903).” 

La W & B estaba compuesta por el galpón de Vaitea y 15 potreros ubicados alrededor de la isla. En cada uno de los potreros existía un ovejero que cuidaba a los animales y mantenía los molinos de viento para la extracción de agua. También existían  obreros que se  dedicaban a la mantención y ampliación de los potreros y del galpón de Vaitea. Éste se organizaba mediante mangas, vanío y corrales, tanto en el interior como en el exterior. El vanío o baño eran las zanjas pavimentadas que se llenaban con agua mezclada con desinfectantes para lavar a los animales una o dos veces al año. Luego una persona separaba y clasificaba los animales para guarda, esquila o para el consumo, llamados “Mamoefita”.

Después aparecía el contador para su conteo. En el interior del galpón existía un corral central lleno de corderos, rodeado por doce mini-corrales que recibían los animales ya esquilados. Trabajaban 24 esquiladores que lograban esquilar entre 150 y 250 ovejas diarias. Un enfermero revisaba y asistía a los animales en caso de heridas. La lana esquilada era recogida por  mujeres que la tendían en los mesones como una frazada, otras la amarraban y clasificaban según su calidad. Una persona recogía los restos de lana que se habían caído durante la faena. Nada se perdía. Para terminar, los enfardadores y cosedores de fardos cumplían con su labor y finalmente el contador revisaba su correcto pesaje. Era una organización perfecta con labores bien definidas. El sistema de pago era mitad en dinero y la otra mitad en mercancías (velas, fósforos, azúcar, harina,etc) y animales.

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Yo me acuerdo que era un cordero semanal para cada obrero. Una de las obligaciones establecidas por el contrato de arriendo, era la entrega semanal de estos “Mamoefita” a toda la población a razón de un cuarto de cordero para cada miembro de una familia. Cómo no existían refrigeradores ni energía eléctrica,  nos organizábamos entre varias familias para no pedirlos todos de una vez, sino compartir uno y al día siguiente pedir el otro. Después aparecía el contador para su conteo. En el interior del galpón existía un corral central lleno de corderos, rodeado por doce mini-corrales que recibían los animales ya esquilados. Trabajaban 24 esquiladores que lograban esquilar entre 150 y 250 ovejas diarias. Un enfermero revisaba y asistía a los animales en caso de heridas. La lana esquilada era recogida por  mujeres que la tendían en los mesones como una frazada, otras la amarraban y clasificaban según su calidad. Una persona recogía los restos de lana que se habían caído durante la faena. Nada se perdía. Para terminar, los enfardadores y cosedores de fardos cumplían con su labor y finalmente el contador revisaba su correcto pesaje. Era una organización perfecta con labores bien definidas. El sistema de pago era mitad en dinero y la otra mitad en mercancías (velas, fósforos, azúcar, harina,etc) y animales. Yo me acuerdo que era un cordero semanal para cada obrero. Una de las obligaciones establecidas por el contrato de arriendo, era la entrega semanal de estos“Mamoefita” a toda la población a razón de un cuarto de cordero para cada miembro de una familia. Cómo no existían refrigeradores ni energía eléctrica,  nos organizábamos entre varias familias para no pedirlos todos de una vez, sino compartir uno y al día siguiente pedir el otro. 

Para llegar a realizar la faena de esquila entre los meses de octubre hasta enero, fecha en que llegaba el barco, se contrataba casi la totalidad de los isleños. Se trabajaba de lunes hasta el mediodía del sábado. Cada obrero recibía una ración diaria de ¼ cordero más 5 sopaipillas grandes y como era mucha comida, aprovechaban las carretas que iban a dejar los fardos a Hanga Pico para enviarle estos alimentos a sus familias. En las noches se cenaba y se realizaban buenas fiestas; el ambiente que se generaba era muy grato. Estábamos muy agradecidos con la Compañía, ya que contábamos con buena comida, con cómodos lugares de descanso y lo más importante, nos sentíamos como una gran familia. lunes hasta el mediodía del sábado. Cada obrero recibía una ración diaria de ¼ cordero más 5 sopaipillas grandes y como era mucha comida, aprovechaban las carretas que iban a dejar los fardos a Hanga Pico para enviarle estos alimentos a sus familias. En las noches se cenaba y se realizaban buenas fiestas; el ambiente que se generaba era muy grato. Estábamos muy agradecidos con la Compañía, ya que contábamos con buena comida, con cómodos lugares de descanso y lo más importante, nos sentíamos como una gran familia. 
Para mi, como para muchos isleños, la compañía inglesa significó una gran oportunidad laboral, de mejoramiento y desarrollo; además de la faena de esquilas, ella contrataba para la carga y descarga de los barcos. De acuerdo a lo conversado con mi padre Jorge Pakarati, a partir de 1920 hasta fines de los cincuenta, nuestra familia junto a otros isleños también producíamos y vendíamos a la Compañía el maíz plantado en nuestras parcelas, algunos cueros y animales. Con el dinero comprábamos las mercancías (azúcar, harina, telas, etc) en el “Store House” o Hare Toa, claro que a precios altos fijados por ellos mismos.

A pesar de la aparente bonanza durante la esquila, el resto del año el alimento era poco para los isleños y sus numerosas familias (Total 563 habitantes).  Felipe Pakarati explica:  “Los rapanui son carnívoros y se acostumbraron a comer carne de cordero. Cuando les faltaba, robaban unos que otros animales de la Compañía.”  Según relata el encargado de la Compañía en esa época, “Los rapanui comercian con cueros y lana… Es un proceso económico muy simple. Nos roban las ovejas y nos venden el cuero”. Según sus propias palabras, los miembros de la Compañía no podían impedir estos robos, sólo castigaban a los ladrones aplicando multas en dinero. Lamentablemente los Subdelegados marítimos enviados por el gobierno chileno no actuaron igual que lo administradores de la Compañía, sino solían castigar abusivamente los robos y conductas consideradas inmorales por ellos. A pesar de la aparente bonanza durante la esquila, el resto del año el alimento era poco para los isleños y sus numerosas familias (Total 563 habitantes).  Felipe Pakarati explica:  “Los rapanui son carnívoros y se acostumbraron a comer carne de cordero. Cuando les faltaba, robaban unos que otros animales de la Compañía.”  Según relata el encargado de la Compañía en esa época, “Los rapanui comercian con cueros y lana… Es un proceso económico muy simple. Nos roban las ovejas y nos venden el cuero”. Según sus propias palabras, los miembros de la Compañía no podían impedir estos robos, sólo castigaban a los ladrones aplicando multas en dinero. Lamentablemente los Subdelegados marítimos enviados por el gobierno chileno no actuaron igual que lo administradores de la Compañía, sino solían castigar abusivamente los robos y conductas consideradas inmorales por ellos. 

Al caducar el arriendo de la Williamson & Balfour, la Isla de Pascua pasa a depender administrativamente de  la Armada de Chile. Se comienza a reducir el límite del Fundo Vaitea  y a desafectar  terrenos que se  entregan a los isleños para poder abastecerse económicamente. Posteriormente la CORFO y luego su filial SASIPA, convierten el terreno de Vaitea, cuya extensión hoy alcanza 4.597 hectáreas (27,7% del total),  en un fundo dedicado a la ganadería, a la reforestación y plantación de eucaliptos y a proyectos de estaciones experimentales de productos agrícolas, especialmente plantaciones de cítricos, que actualmente ya no son rentables.  Independiente al futuro destino del Fundo Vaitea, deberían repararse las casas y el antiguo galpón de esquila, que en su estado de deterioro presenta un triste espectáculo. El lugar, una vez restaurado, con baños y agregando plantas y flores autóctonas, da para una maravillosa parada con el fin de  recordar una época importante de la historia de Rapa Nui.

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